(Wired News) En esto, los
científicos y los médicos
concuerdan: los diminutos destellos de
luz infrarroja pueden ayudar a
cicatrizar heridas, a generar masa
muscular, a revertir los efectos más
devastadores de la diabetes y reparar
los ojos que ya no ven. Pero en lo que
no logran ponerse de acuerdo es, antes
que nada, en por qué se producen
todos estos efectos aparentemente
milagrosos.
Durante más de una década, los
investigadores han estado estudiando
cómo los diodos emisores de luz, o
LEDs -minúsculas lamparitas
ultraeficientes como las que se ven en
los relojes digitales y los controles
remoto de televisión- podrían
contribuir al proceso de recuperación
de los tejidos. La NASA, el Pentágono
y decenas de hospitales han
participado de estos estudios
clínicos. Las empresas han vendido
zappers de LEDs comerciales a
geriátricos y consultorios médicos.
Las revistas y la televisión se
ocuparon del tema en su momento. El
sistema Medicare incluso ha aprobado
algunos tratamientos con LEDs.
A pesar de todo ese esfuerzo,
"no hay una clara idea de cómo
funciona. Solamente hay hipótesis de
trabajo", señaló Marti Jett,
jefa del departamento de patología
molecular del Walter Reed Army
Institute of Research (Instituto de
Investigaciones del Ejército Walter
Reed).
Una de las posibilidades es la
propuesta por el Dr. Harry Whelan,
colega de Jett y profesor de
neurología del Medical College of
Wisconsin. En un estudio realizado en
el 2002 y respaldado por los National
Institutes of Health (Institutos
Nacionales de Salud) y el programa
Persistence in Combat (Persistencia en
el combate) de la división de
investigación del Pentágono, Whelan
usó LEDs para recuperar la visión de
ratas que habían sido dejadas ciegas,
utilizando dosis tóxicas de metanol
para dañar sus retinas. Pero tras la
exposición a pequeñísimos destellos
de luz infrarroja, hasta el 95 por
ciento de las lesiones se repararon.
En los estudios en humanos se
obtuvieron resultados no tan
deslumbrantes, pero que de todas
formas indican un nivel de efectividad
increíblemente alto.
Utilizando un aparato de LEDs de
mano aprobado por la FDA (Food and
Drug Administration, Administración
de Drogas y Alimentos) —jocosamente
denominado Warp 10 por tener un estilo
similar al de los equipos de Viaje
a las Estrellas— el tiempo de
cicatrización fue reducido a la mitad
a bordo del USS Salt Lake City,
un submarino nuclear. Los destellos de
estos diodos mejoraron en más de un
40 por ciento la cicatrización de las
heridas que sufrieron los SEALs de la
Marina durante su entrenamiento. Y un
prototipo del Warp 10 fue utilizado
por unidades de las Fuerzas Especiales
de los Estados Unidos en Irak, asegura
Whelan.
Estos LEDs originariamente fueron
desarrollados por la NASA para
estimular el crecimiento de las
plantas. Ahora, esa organización
quiere utilizar estos dispositivos
para generar masa muscular en los
astronautas durante el tiempo que
están expuestos a gravedad cero. La
síntesis de ADN de las células
musculares se quintuplicó tras una
sola aplicación de destellos de luz
de LEDs en longitudes de onda de 680,
730 y 880 nanómetros, según lo
señalado por Whelan.
Cómo sucedió exactamente todo
esto continúa siendo un misterio,
señaló Jett, quien ha identificado
más de veinte genes que por lo
general son asociados con las lesiones
de retina, por ejemplo, y "los
LEDs los alteran a todos".
"Algunos aumentaron, otros
disminuyeron —agregó—. Pero todos
volvieron a la normalidad."
¿Por qué? Whelan cree que los
pulsos de los LEDs le brindan a las
células de la retina una dosis extra
de energía, lo cual les permite
lograr una cicatrización más
rápida. En circunstancias normales,
las mitocondrias —los motores de la
célula— convierten los azúcares en
energía. Para ello, requieren de la
ayuda de una enzima, la citocromo
oxidasa, que transporta los electrones
durante el proceso de transferencia de
energía. La teoría de Whelan es que
las partículas de luz de los LEDs les
brindan a la citocromo oxidasa los
electrones que normalmente obtendría
a partir del azúcar. La luz se
convierte en un sustituto del
alimento, básicamente.
Dale Bertwell, fundador de Anodyne
Therapy, una empresa de Tampa,
Florida, dedicada a la fabricación de
dispositivos médicos basados en LEDs,
no está de acuerdo con esa
explicación.
"Las mitocondrias de ninguna
manera explican los efectos" de
los LEDs señaló. Si Whelan tiene
razón, las heridas se podrían curar
simplemente "comiendo un caramelo
más".
Y, lo que es más: los US$ 1,2
millones que dicha rama del
Pentágono, la DARPA (Defense Advanced
Research Projects Agency, Agencia de
Proyectos de Investigación de Defensa
de Avanzada) acaba de invertir en el
trabajo de Whelan es dinero tirado a
la calle, agregó Bertwell.
"Están financiando el trabajo
de Harry para construir algo que ya es
de uso masivo", señaló
Bertwell.
Ese algo de uso masivo, señaló
Bertwell, es un zapper de LEDs
monocromático, del tamaño de una
billetera, creado por Anodyne. Life
Care Centers of America, una cadena de
geriátricos de los EE.UU., ha
comprado casi doscientos de estos
dispositivos, que fueron aprobados por
Medicare el año pasado. Gentiva
Health Services, un proveedor de
insumos médicos para atención en el
hogar, encargó otros veinticinco.
Estos dispositivos se están
comercializando como antídoto —tal
vez el, primero— contra la
neuropatía diabética, un
atrofiamiento de las pequeñas
terminaciones nerviosas de las
extremidades del cuerpo. Este
síndrome es señalado como el
culpable de la gran mayoría de las
amputaciones diabéticas.
Como consecuencia de todo el
azúcar que hay en la sangre de la
persona diabética, las terminales
nerviosas se debilitan.
Los pulsos de luz de estos diodos
combaten esto separando
momentáneamente el óxido nítrico de
la hemoglobina, la proteína de los
glóbulos rojos responsable del
transporte de oxígeno, asegura
Bertwell. El óxido nítrico es un
vasodilatador —una sustancia que
hace que los vasos sanguíneos
aumenten su diámetro—. Eso, a su
vez, estimula el flujo sanguíneo, lo
cual hace que los nervios se
revitalicen y vuelvan a crecer.
El Dr. Joseph Prendergast, un
endocrinólogo de Redwood City,
California, ha utilizado la terapia de
LEDs en más de 200 pacientes con
neuropatía diabética. Luego de diez
sesiones de tratamiento de 40 minutos
cada una, el 95 por ciento de esas
personas recuperaron parte de la
sensibilidad en sus pies. Casi las dos
terceras partes de estos pacientes
retornaron por completo a la
normalidad, señaló Prendergast.
Pero, cuando se le preguntó a qué
se deben semejantes resultados,
Prendergast dijo: "Simplemente
mejora; es lo único que le puedo
decir".
El Dr. David Margolis, profesor de
pediatría del Medical College of
Wisconsin, expresó sentimientos
similares. Él y Whelan son parte de
un estudio clínico que está siendo
llevado adelante en siete hospitales a
fin de determinar si los LEDs pueden
atenuar uno de los efectos más
desagradables de la quimioterapia,
llamado mucositis. Esta afección
consiste básicamente en una
inflamación del tubo digestivo, lo
cual trae aparejada la aparición de
aftas en boca y garganta.
En un estudio anterior, se observó
que luego de un tratamiento diario con
un sistema de LEDs de 670 nanómetros,
la incidencia de mucositis en los
receptores de trasplantes de médula
ósea se redujo a un 58 por ciento,
mientras que el porcentaje previsto en
estos casos es del 70 al 90 por
ciento.
El estudio del que está
participando Margolis comenzó hace
muy poco, con lo cual todavía no
está en condiciones de elaborar
ninguna conclusión definitiva.
"Pero a los que estamos
trabajando en sala —los médicos y
las enfermeras— nos da la impresión
de que los pacientes que están
recibiendo el tratamiento con luz
tienen una cantidad significativamente
inferior de aftas", señaló
Margolis.
Ahora, de por qué sucedía eso, no
tenía "ni la menor idea".
"Es mi primera incursión en (el
campo del tratamiento con) luz",
señaló.